Que Job asuma que debe devolver todo lo que posee brota de su temor de Dios

Que Job asuma que debe devolver todo lo que posee brota de su temor de Dios

    (Job 1:20-21) Entonces Job se levantó y rasgó su ropa; se afeitó la cabeza y cayó al suelo en adoración diciendo: Salí desnudo del vientre de mi madre y desnudo regresaré a él; Jehová dio y Jehová quitó; bendito sea el nombre de Jehová.

Que Job asuma que debe devolver todo lo que posee brota de su temor de Dios

    Después de que Dios dijera a Satanás: “Todo lo que él posee está en tu poder, solo que no pongas tu mano sobre él”, este partió, y pronto se sucedieron ataques repentinos y feroces contra Job: primero, le robaron sus bueyes y asnos, y mataron a sus siervos; después, sus ovejas y siervos se quemaron hasta la destrucción; a continuación, le robaron sus camellos y mataron a sus siervos; finalmente, sus hijos murieron. Esta cadena de ataques fue el tormento sufrido por Job durante la primera tentación. Tal como Dios ordenó, las posesiones de Job y sus hijos fueron el objetivo de estos ataques; él no sufrió daño alguno. Sin embargo, en un instante, Job pasó de ser un hombre poseedor de grandes riquezas a alguien que no tenía nada. Nadie podría haber resistido este asombroso golpe por sorpresa ni haber reaccionado adecuadamente frente al mismo, pero Job puso de manifiesto su lado extraordinario. Las Escrituras proveen el siguiente relato: “Entonces Job se levantó y rasgó su ropa; se afeitó la cabeza y cayó al suelo en adoración”. Esta fue la primera reacción de Job tras oír que había perdido a sus hijos y todas sus propiedades. Sobre todo, no pareció sorprendido ni asustado, ni mucho menos expresó ira u odio. Ves, por tanto, que en su corazón ya había reconocido que estos desastres no eran un accidente ni provenían de la mano del hombre, y mucho menos eran la llegada de la retribución o el castigo. En su lugar, las pruebas de Jehová habían venido sobre él; era Jehová quien quería tomar sus propiedades y sus hijos. Job estaba muy tranquilo y con las ideas muy claras. Su humanidad perfecta y recta le permitía emitir, de forma racional y natural, juicios y decisiones precisos sobre los desastres que habían caído sobre él y, en consecuencia, se comportó con una calma inusual: “Entonces Job se levantó y rasgó su ropa; se afeitó la cabeza y cayó al suelo en adoración”. “Rasgó su ropa” significa que estaba desnudo, y no tenía nada; “se afeitó la cabeza” significa que había vuelto delante de Dios como un bebé recién nacido; “cayó al suelo en adoración” significa que había venido al mundo desnudo, y en ese día, todavía sin nada, había regresado a Dios como un recién nacido. Ninguna criatura de Dios habría podido tener la actitud de Job frente a todo lo que le había sucedido. Su fe en Jehová superaba el ámbito de la creencia; ese era su temor de Dios, su obediencia a Él, y no solo fue capaz de dar gracias a Dios por darle cosas, sino también por quitárselas. Además, fue capaz de asumir que tenía que devolver todo lo que poseía, incluida su vida.

    El temor que Job tenía de Dios y su obediencia a Él son un ejemplo para la especie humana, y su perfección y rectitud fueron la cúspide de la humanidad que el hombre debería poseer. Aunque no veía a Dios, era consciente de que Él existía realmente, y esta consciencia hacía que le temiera; podía obedecerle por su temor de Él. Dio rienda suelta a Dios para que tomase todo lo que tenía, sin quejarse, y se postró delante de Él y manifestó que, incluso si Dios tomaba su carne en ese mismo momento, él le permitiría hacerlo con alegría, sin quejarse. Toda su conducta se debía a su humanidad perfecta y recta. Es decir, como consecuencia de su inocencia, su sinceridad y su bondad Job no se tambaleó en su conciencia y experiencia de la existencia de Dios, y sobre este fundamento se impuso exigencias y estandarizó su pensamiento, su comportamiento, su conducta y sus principios de acción delante de Dios, según Él lo dirigiera y de acuerdo con Sus hechos, que él había visto entre todas las cosas. A lo largo del tiempo, sus experiencias provocaron en él un temor real y práctico, y le hicieron apartarse del mal. Esta era la fuente de la integridad a la que Job se aferraba con firmeza. Su humanidad era sincera, inocente y amable, y tenía una experiencia práctica de temor y obediencia a Dios, y de apartarse del mal, así como el conocimiento de que “Jehová dio y Jehová quitó”. Solo por estas cosas fue capaz de permanecer firme y dar testimonio en medio de los ataques despiadados de Satanás; solo por ellas fue capaz de no decepcionar a Dios y darle una respuesta satisfactoria cuando Sus pruebas cayeron sobre él. Aunque la conducta de Job durante la primera tentación fue muy recta, las generaciones posteriores no tenían asegurado lograr esa rectitud ni siquiera después de una vida de esfuerzos, ni poseerían necesariamente la conducta de Job descrita más arriba. Hoy, frente a la conducta recta de Job, y comparándola con el clamor y la determinación de “obediencia y lealtad absolutas hasta la muerte” que muestran quienes afirman creer en Dios y seguirle, ¿os sentís profundamente avergonzados o no?

    Cuando lees en las escrituras todo lo que Job y su familia sufrieron, ¿cuál es tu reacción? ¿Te pierdes en tus pensamientos? ¿Estás sorprendido? ¿Podrían definirse como “terribles” las pruebas que cayeron sobre Job? En otras palabras, es suficientemente espantoso leer de las pruebas de Job descritas en las Escrituras, por no mencionar cómo habrían sido en realidad. Ves, pues, que lo que cayó sobre Job no fue un simulacro, sino una “batalla” real, con “pistolas” y “balas”. ¿Pero de quién era la mano que lo sometió a estas pruebas? Por supuesto, Satanás las ejecutó personalmente; pero fueron autorizadas por Dios. ¿Dijo Él a Satanás con qué medios tentar a Job? No. Simplemente puso una condición, tras la cual la tentación cayó sobre Job. Cuando esto ocurrió, las personas contemplaron un sentido de la maldad y la fealdad de Satanás, de su malicia y su desprecio del hombre, de su enemistad con Dios. En esto vemos que las palabras no pueden describir el grado de crueldad de esta tentación. Puede decirse que la naturaleza maliciosa con la que Satanás maltrató al hombre, y su feo rostro, se revelaron por completo en ese momento. Aprovechó la oportunidad que Dios le había permitido para someter a Job a un maltrato febril y despiadado, cuyo método y nivel de crueldad fueron inimaginables y completamente intolerables para las personas de hoy. En lugar de decir que Job fue tentado por Satanás, y que se mantuvo firme durante esta tentación, es mejor decir que en las pruebas establecidas por Dios para él, Job se embarcó en una competición con Satanás para proteger su perfección y rectitud, y defender su forma de temer a Dios y apartarse del mal. En esta pugna, Job perdió una montaña de ovejas y ganado, todas sus propiedades, sus hijos, pero no abandonó su perfección, su rectitud, su temor de Dios. Dicho de otro modo, en esta lucha contra Satanás prefirió verse privado de sus propiedades y de sus hijos antes que perder su perfección, su rectitud, y su temor de Dios. Prefirió aferrarse a la raíz de lo que significa ser un hombre. Las Escrituras proveen un relato conciso de todo el proceso por el cual Job perdió sus bienes, y también documentan la conducta y la actitud de Job. Estos relatos concisos y breves dan la sensación de que Job estaba casi relajado cuando afrontó esta tentación; pero si se tuviese que recrear lo que ocurrió en realidad, sumado a lo que es la naturaleza maliciosa de Satanás, las cosas no serían tan simples o fáciles como se describen en estas frases. La realidad fue mucho más cruel. Así es el nivel de devastación y odio con el que Satanás trata a la humanidad y a todos los que son aprobados por Dios. Si Él no le hubiera ordenado que no le hiciera daño a Job, sin duda lo habría matado sin el menor reparo. Satanás no quiere que se adore a Dios ni que quienes son justos, perfectos y rectos a Sus ojos puedan seguir temiendo a Dios y apartándose del mal, porque esto significa que se alejan de Satanás y lo abandonan. Por ello, se aprovechó del permiso de Dios para acumular sin misericordia toda su rabia y su odio sobre Job. Ves, pues, lo grande que fue el tormento sufrido por Job, desde la mente hasta la carne, desde el exterior y el interior. Hoy no vemos cómo fue en aquel momento, y en los relatos de la Biblia solo podemos entrever las emociones de Job cuando se vio sometido al tormento en su día.

De “Continuación de La Palabra Aparece en Carne”

Fuente: La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo II

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