Palabras diarias de Dios | Fragmento 33 | “La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo II”

Dios dice: “A Dios no le importa que el hombre sea insensato; sólo pide que sea sincero
En Génesis 22:2, Dios le ordena: “Trae ahora a tu hijo, tu único hijo Isaac, a quien tú amas, y ve a la tierra de Moriah donde lo ofrecerás ahí como holocausto en una de las montañas que te indicaré”. El sentido de Dios estaba claro: le estaba diciendo a Abraham que le entregara a su único hijo Isaac, a quien amaba, en holocausto. Mirándolo hoy día, ¿sigue estando el mandato de Dios en conflicto con las nociones del hombre? ¡Claro que sí! Todo lo que Dios hizo en aquel momento es bastante contrario a las nociones del hombre y a este le resulta incomprensible. En sus nociones, las personas creen lo siguiente: cuando un hombre no creyó, y pensó que era imposible, Dios le dio un hijo, y después de haberlo tenido, le pidió que lo ofreciera; ¡increíble! ¿Qué pretendía hacer Dios en realidad? ¿Cuál era Su verdadero propósito? Le dio un hijo a Abraham incondicionalmente, pero también le pidió que hiciera una ofrenda incondicional. ¿Era esto excesivo? Desde el punto de vista de un tercero no sólo lo era, sino que parecía como querer “buscar un problema donde no lo hay”. Sin embargo, Abraham mismo no opinaba que Dios le estuviera pidiendo demasiado. Aunque tenía algunos pensamientos menores y sospechaba un poco de Dios, seguía estando preparado para hacer la ofrenda. En este punto, ¿ves algo que demuestre que Abraham estuviera dispuesto a ofrecer a su hijo? ¿Qué se indica en estas frases? El texto original dice lo siguiente: “Y Abraham se levantó temprano por la mañana y preparó su asno; tomó dos de sus hombres jóvenes con él y a Isaac su hijo, y partió la madera para el holocausto. Se levantó y se fue al lugar que Dios le había indicado” (Génesis 22:3). “Llegaron al lugar que Dios le había indicado y Abraham construyó un altar ahí; acomodó la madera y ató a Isaac su hijo, colocándolo sobre la madera del altar. Y Abraham estiró su mano y tomó el cuchillo para matar a su hijo” (Génesis 22:9-10). Cuando Abraham extendió su mano, y tomó el cuchillo para sacrificar a su hijo, ¿vio Dios sus acciones? Sí; las vio. Todo el proceso —desde el principio, cuando Dios le pidió a Abraham que sacrificara a Isaac, hasta el momento en que el hombre alzó el cuchillo para matar a su hijo— le mostró a Dios el corazón de Abraham, e independientemente de su insensatez, su ignorancia y su malinterpretación anteriores de Dios, en aquel momento su corazón era sincero, honesto; de verdad le iba a devolver a Isaac a Dios, ese hijo que Él le había dado. Dios vio obediencia en él, esa misma obediencia que Él deseaba.

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Fragmento 7 | “Cómo conocer el carácter de Dios y los resultados que logrará Su obra”

Dios dice: “Existen muchas opiniones concernientes al estándar por el cual Dios establece el desenlace del hombre
Como cada persona está preocupada con su final, ¿sabéis cómo lo determina Dios? ¿De qué manera establece el desenlace de una persona? ¿Y qué tipo de estándar utiliza para ello? Y cuando el final está aún por establecerse, ¿qué hace Dios para revelarlo? ¿Lo sabe alguien? Como acabo de decir, algunos ya han investigado la palabra de Dios durante mucho tiempo. Están buscando pistas sobre el desenlace de la humanidad, sobre las categorías en las que se divide, y sobre los diferentes desenlaces que esperan a los distintos tipos de personas. También quieren saber cómo establece la palabra de Dios el final del hombre, el tipo de estándar que Dios utiliza, y la manera como lo hace. No obstante, al final estas personas nunca consiguen encontrar nada. De hecho, en la palabra de Dios se dice muy poco al respecto. ¿Por qué es así? Como el final del hombre está aún por revelarse, Dios no quiere decirle a nadie lo que va a ocurrir al final ni desea comunicarle a nadie su destino antes de tiempo. La razón es que no tendría ningún beneficio para el hombre. Ahora, sólo quiero hablaros de la forma en que Dios establece el desenlace del hombre, de los principios que Él emplea en Su obra para hacerlo, y para manifestar dicho final, así como del estándar que utiliza para establecer si alguien puede o no sobrevivir. ¿No es esto lo que más os preocupa? ¿Cómo conciben, pues, las personas la forma en la que Dios establece el desenlace del hombre? Hace un momento hablasteis un poco sobre este asunto. Algunos de vosotros dijisteis que es cuestión de cumplir fielmente con los deberes, de esforzarse por Dios; otros afirmaron que se trata de obedecer y satisfacer a Dios; los hubo que aseveraron que era estando a la misericordia de Dios; y también quienes opinaron que llevando una vida discreta… Cuando ponéis estas verdades en práctica, cuando practicáis los principios de vuestra imaginación, ¿sabéis lo que Dios piensa? ¿Habéis considerado si actuar así está satisfaciendo los propósitos de Dios? ¿Si atiende a Su estándar? ¿A Sus exigencias? Creo que la mayoría de las personas no reflexiona realmente sobre ello. Se limitan a aplicar mecánicamente una parte de la palabra de Dios, de los sermones, o los estándares de cierto hombre espiritual al que adoran, obligándose a hacer esto o aquello. Creen que esta es la forma correcta, y siguen ciñéndose a ella, llevándola a cabo sin importar lo que ocurra al final. Algunas personas piensan: “He creído durante tantos años; siempre lo he hecho así; siento que he satisfecho realmente a Dios y que he obtenido mucho de ello. Porque he llegado a entender muchas verdades durante este período, y muchas cosas que antes no entendía; en particular, muchas de mis ideas y opiniones han cambiado, mis valores vitales han cambiado mucho, y tengo un entendimiento bastante bueno de este mundo”. Estas personas creen que se trata de una cosecha y que es el resultado final de la obra de Dios para el hombre. En vuestra opinión, con estos estándares y considerando todas vuestras prácticas en conjunto, ¿estáis satisfaciendo los propósitos de Dios? Algunas personas responderán con toda certeza: “¡Por supuesto! Estamos practicando según la palabra de Dios, de acuerdo con lo que el hermano predicó y comunicó; estamos cumpliendo siempre con nuestro deber, siguiendo constantemente a Dios, y nunca lo hemos dejado. Por tanto, podemos decir con total confianza que le estamos satisfaciendo. No importa cuánto entendamos los propósitos de Dios, cuánto comprendamos de Su palabra, siempre hemos buscado la senda de ser compatibles con Él. Si actuamos y practicamos de la forma correcta, el resultado será correcto”. ¿Qué pensáis de esta perspectiva? ¿Es correcta? Quizás haya quienes digan: “Nunca pensé en esto antes. Sólo creo que si continúo cumpliendo con mi deber y sigo actuando según las exigencias de la palabra de Dios, puedo sobrevivir. Nunca he considerado el poder satisfacer el corazón de Dios ni si estoy alcanzando el estándar que Él exige. Como Dios nunca me lo ha indicado ni me ha proporcionado instrucciones claras, creo que mientras siga así Él estará satisfecho y no debería de tener más exigencias para mí”. ¿Son estas unas creencias correctas? En lo que a Mí respecta, esta forma de practicar, de pensar, y estos puntos de vista traen consigo fantasías y un poco de ceguera. Cuando digo esto, tal vez algunos de vosotros os sintáis un poco desanimados: “¿Ceguera? Si es una ‘ceguera’, nuestra esperanza de salvación, de sobrevivir es muy escasa e incierta, ¿no es así? ¿No es Tu forma de expresarlo como derramar agua fría sobre nosotros?”. Creáis lo que creáis, lo que digo y hago no tiene el propósito de haceros sentir como si se hubiese derramado agua fría sobre vosotros. Más bien la intención es mejorar vuestro entendimiento de los propósitos de Dios, y vuestra comprensión de lo que Él está pensando, lo que quiere lograr, qué tipo de persona le gusta, qué detesta, qué desprecia, a qué tipo de persona quiere ganar, y cuál desdeña. La intención es aportar claridad a vuestra mente, ayudaros a saber con nitidez cuánto se han desviado del estándar exigido por Dios las acciones y los pensamientos de todos y cada uno de vosotros. ¿Es necesario hablar de estos temas? Porque sé que habéis creído durante mucho tiempo, y habéis escuchado mucha predicación, y sin embargo son precisamente las cosas de las que más carecéis. Es posible que hayáis recogido cada verdad en vuestro cuaderno como también aquello que os parece personalmente importante en vuestra mente y en vuestro corazón. Planeáis usarlo cuando estéis practicando, para satisfacer a Dios; lo usáis cuando os encontréis en necesidad o atravesando los tiempos difíciles que tenéis ante vuestros ojos; o simplemente dejáis que estas verdades os acompañen mientras vivís vuestra vida. En lo que a Mí respecta, si sólo estáis practicando, la exactitud con la que lo hagáis no es importante. ¿Qué es, pues, lo importante? Que mientras practiques tu corazón sepa con toda certeza si todo lo que estás haciendo, cada hecho, es o no lo que Dios quiere; si todo lo que haces, todo lo que piensas, así como el resultado y el objetivo de tu corazón satisfacen o no los propósitos de Dios, atienden o no a Sus exigencias, y si Él lo aprueba o no. Estas son las cosas importantes”.

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Fragmento 16 | “Cómo conocer el carácter de Dios y los resultados que logrará Su obra”

Dios dice: “La actitud de Dios hacia quienes huyen durante Su obra
Encontraréis este tipo de persona en todas partes: después de haber estado seguras respecto al camino de Dios, por diversas razones se marchan en silencio, sin despedirse, para ir y hacer lo que su corazón desea. Por el momento no nos detendremos en por qué lo hacen. Primero echaremos un vistazo a la actitud de Dios hacia este tipo de persona. ¡Está muy claro! Desde el momento en que se va, a los ojos de Dios su creencia ha llegado a su fin. No la ha acabado el individuo, sino Dios. Que esta persona le dejase significa que ya lo había rechazado, que ya no lo amaba. Significa que no acepta la salvación de Dios. Y si esta persona no quiere a Dios, ¿seguirá Él queriéndola? Además, cuando esta persona tiene esta actitud, esta opinión, y está decidida a abandonar a Dios, ya ha ofendido Su carácter. Aunque no estalló de ira ni maldijo a Dios ni se involucró en conducta vil o excesiva alguna, y aunque esta persona esté pensando: Si llega un día en que ya esté harto de divertirme fuera, o cuando siga necesitando a Dios para algo, volveré. O si Dios me lo pide, regresaré. O dice: Cuando me lastimen en el exterior, cuando vea que el mundo es allí demasiado oscuro y malvado, y ya no quiera seguir su corriente, retornaré a Dios. Aunque esta persona haya calculado en su mente el punto en el que va a volver, aunque haya dejado abierta la puerta para su regreso, no es consciente de que independientemente de cómo piense y planifique, todo esto no son más que ilusiones. Su mayor error es no tener claro cómo se siente Dios cuando ellos quieren marcharse. Empezando por el momento concreto en que la persona se decide a dejar a Dios, Él ya la ha abandonado; ya ha establecido su desenlace en Su corazón. ¿Y cuál es? Que esta persona es uno de los hámsteres, y perecerá con ellos. De modo que las personas ven a menudo este tipo de situación: alguien abandona a Dios, pero no recibe castigo. Dios opera según Sus propios principios. Las personas sólo pueden ver algunas cosas, pero otras sólo se deciden en el corazón de Dios, por lo que ellas no pueden ver el resultado. Lo que las personas ven no es necesariamente el lado verdadero de las cosas; pero el otro lado, el que tú no ves, son los verdaderos pensamientos y conclusiones del corazón de Dios.

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Palabras diarias de Dios | Fragmento 13 | “El misterio de la encarnación (4)”

Dios dice: “Toda la obra llevada a cabo a lo largo del plan de gestión de seis mil años ha llegado a su fin apenas ahora. Solo después de que toda esta obra le haya sido revelada al hombre y se haya llevado a cabo en medio de la humanidad, esta conocerá la totalidad del carácter de Dios y lo que Él tiene y es. Cuando la obra de esta etapa se haya completado plenamente, todos los misterios no entendidos por el hombre se habrán revelado, todas las verdades no entendidas anteriormente habrán quedado claras, y se le habrá comunicado a la raza humana su senda y su destino futuros. Esta es la totalidad de la obra que debe realizarse en la etapa actual. Aunque la senda que el hombre recorre hoy es también la senda de la cruz y del sufrimiento, lo que el hombre hoy practica, y lo que come, bebe y disfruta, es muy distinto a lo que le correspondió al hombre bajo la ley y en la Era de la Gracia. Lo que se le pide al hombre hoy es diferente de lo que se le pidió en el pasado y más diferente aún de lo que se le requería en la Era de la Ley. Ahora bien, ¿qué se le pedía al hombre bajo la ley cuando Dios llevaba a cabo Su obra en Israel? Tan solo que guardara el Sabbat y las leyes de Jehová. Nadie debía trabajar en el Sabbat ni transgredir las leyes de Jehová. Pero ahora no es así. En el Sabbat, el hombre trabaja, se reúne y ora como de costumbre, y no se le imponen restricciones. Quienes vivían en la Era de la Gracia debían ser bautizados y, además, se les pedía que ayunaran, partieran el pan, bebieran vino, se cubrieran la cabeza y lavaran los pies de otros. Ahora, estas reglas se han abolido, pero se le han impuesto al hombre unas exigencias más elevadas, porque la obra de Dios cada vez es más profunda y la entrada del hombre llega incluso más alto. En el pasado, Jesús imponía Sus manos sobre la persona y oraba, pero ahora que se ha dicho todo, ¿de qué sirve la imposición de manos? Las palabras pueden lograr resultados por sí solas. Cuando, en el pasado, Él imponía las manos sobre las personas, lo hacía para bendecirlas y también para curarlas de sus enfermedades. Así es como obraba el Espíritu Santo en aquel entonces, pero ahora no es así. Actualmente, el Espíritu Santo utiliza palabras para obrar y obtener resultados. Sus palabras os han quedado claras y deberíais ponerlas en práctica, tal y como se os ha dicho que hagáis. Sus palabras son Su voluntad; son la obra que Él desea llevar a cabo. Por medio de Sus palabras, entenderás Su voluntad y lo que Él te pide que logres, y simplemente puedes poner Sus palabras en práctica de manera directa, sin necesidad de la imposición de manos. Algunos pueden decir: “¡Impón Tus manos sobre mí! Impón Tus manos sobre mí de forma que pueda recibir Tu bendición y participar de Ti”. Todas estas son prácticas caducas del pasado que ahora están obsoletas, porque la era ha cambiado. El Espíritu Santo obra de acuerdo con la era, no al azar ni según normas establecidas. La era ha cambiado, y una nueva era necesariamente trae con ella obra nueva. Esto es así en cada etapa de la obra, y, así, Su obra nunca se repite. En la Era de la Gracia, Jesús llevó a cabo mucho de ese tipo de obra, como curar enfermedades, expulsar demonios, imponer Sus manos sobre el hombre para orar por él y bendecirlo. Sin embargo, hacerlo nuevamente no respondería a ningún propósito en el presente. El Espíritu Santo obraba de esa forma en ese momento, porque era la Era de la Gracia, y hubo suficiente gracia para que el hombre disfrutara de ella. Este no tenía que pagar ningún precio y recibiría la gracia mientras tuviera fe. Todos recibían un trato muy misericordioso. Ahora, la era ha cambiado, y la obra de Dios ha progresado más; a través de Su castigo y Su juicio, la rebeldía del hombre y las cosas inmundas en su interior se echarán fuera. Como era la etapa de la redención, Dios tenía que obrar de esa manera, mostrando al hombre suficiente gracia que disfrutar, de forma que el hombre pudiera ser redimido del pecado y, por medio de la gracia, sus pecados le fueran perdonados. La etapa actual tiene como objetivo exponer la injusticia dentro del hombre por medio del castigo, el juicio, el golpe de las palabras, la disciplina y la revelación de las mismas, de modo que la humanidad pueda ser salva después. Esta obra es más profunda que la redención. La gracia que había en la Era de la Gracia, era suficiente para el disfrute del hombre; ahora que ya la ha experimentado, ya no habrá de disfrutar más de ella. Esa obra ha quedado obsoleta y ya no se hará más. Ahora, el hombre será salvo por medio del juicio de la palabra. Después de que el hombre es juzgado, castigado y refinado, su carácter, por ende, cambia. ¿No se debe esto a las palabras que he hablado? Cada etapa de la obra se lleva a cabo de acuerdo con el progreso de toda la raza humana y de acuerdo con la era. La obra es sumamente importante; se lleva a cabo en aras de la salvación final, para que la humanidad pueda tener un buen destino en el futuro, y para que sea clasificada según su tipo al final”.

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Relámpago Oriental, la Iglesia de Dios Todopoderoso nació debido a la aparición y a la obra de Dios Todopoderoso, el retorno del Señor Jesús, Cristo de los últimos días. La iglesia está compuesta de todos aquellos quienes sinceramente aceptan la obra de los últimos días de Dios Todopoderoso y están conquistados y salvados por la palabra de Dios. Fue completamente fundada por Dios Todopoderoso personalmente y personalmente la orienta y la pastorea y de ninguna manera fue establecida por ningún hombre. Cristo es la verdad, el camino y la vida. Las ovejas de Dios oyen la voz de Dios. En tanto leas las palabras de Dios Todopoderoso, verás que Dios ha aparecido.

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